Quiso el destino que esa noche hiciera frío, y que el ruido de los coches me hiciera hablarte al oído. Y si el diablo que se contenta con que dudes un instante. Vos y yo nuestras miserias y esta noche por delante amor. ¿Quién sabe? Un umbral perdido, y aquel bar medio vacío, como único testigo. Bridamos por el olvido, y el espíritu del vino, se fue haciendo nuestro amigo. Con el corazón en llanta, nada mejor que tu lengua, abrigando mi garganta. Y conga, conga, conga. Y que siga la milonga, que el mozo traiga otra ronda y que pague Dios.
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