Dos años y un tiempito después vuelvo a usar los mismos métodos, vuelvo a hacer catarsis, vuelvo a necesitar liberar(me).
Es fácil exteriorizar la culpa, e incluso culpar al insomnio o al mal clima. También es fácil culpar a los demás por lo que uno siente. Pero la realidad es que es nuestra culpa, la mía en particular. Yo soy la que dejé de sentir o la que siento demasiado. Yo soy la que está confundida o la que no entiende lo que siente. Yo soy la culpable de lo que vivo, y no importa si afuera llueve o la luna roja anticipa un sol radiante.
Uno no extraña porque no tiene sueño. Uno no deja de amar porque durmió demasiado. Uno no llora porque está lloviendo. No hay nada allá afuera que pueda tener la culpa de lo que nos pasa, de lo que nos pasó, de lo que me pasa a mi.
Intentar catalogar los sentimientos o los momentos es casi tan inútil como vivir una emoción a la vez. Es natural mezclar, es normal confundir. Es lógico reir y llorar. Es común amar o extrañar y odiar. Es natural, también, tener ganas de salir corriendo, de olvidar y no poder alejarse.
Cualquiera puede decirte que ya no vale la pena, que ya es tiempo de concluir, que ya es necesario dejar ir. Pero ¿cuántas personas pueden lograrlo tan fácilmente? ¿Cuántas personas pueden lograrlo sin sufrir ni siquiera un poquito? Porque al fin y al cabo, siempre duele cualquier cambio. Crecer duele. Cambiar duele. Seguir duele.
El problema es cuando también duele parar. Cuando si parás, te quedás. Y si te quedás, el tiempo pasa y duele cada vez más. Entonces ¿seguís o parás?
Es fácil pensarlo, es fácil entenderlo, es fácil decidirse. Lo difícil es hacerlo sin que duela.
Es difícil estar así, sin extrañar, sin amar, sin odiar, sin olvidar, sin nada.
Pero, cuando ya nada te une, cuando ya nada te hace sonreir, cuando ya nada te abraza, cuando ya nada te tranquiliza, cuando ya no te escucha ni te quiere ni te sostiene, cuando ya nada te necesita, cuando ya no extraña, cuando ya no extrañas, cuando ya no hay motivos para seguir, cuando ya no te mira, cuando ya no te busca, cuando ya no está, cuando ya no importa... ¿no es momento de dejar ir? ¿no es momento de dejar de ser egoísta? ¿no es momento de querer que sea feliz? ¿no es momento de volver a ser feliz?
El problema sigue siendo el mismo: duele dejar ir.
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